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«No sé si la ortodoncia puede ser un arte, pero hay ortodoncistas que son verdaderos artistas»

Entre los pacientes que acuden a los centros de ortodoncia de la doctora Myriam Sadapuede encontrarse todo tipo de personas, todas únicas e irrepetibles, todas con una historia que contar. Es el caso de Rafael Caunedo, paciente del centro de ortodoncia de Aravaca (Madrid), artista y escritor. Aprovechando que estos días se celebra en Madrid la Feria del Libro, la más importante en su género de toda España, hablamos con él y nos explica qué le llevó a hacer lo que hace, cómo lo hace y otras reflexiones que os animamos a leer atentamente.¿Qué te lleva a abandonar el Derecho y dedicarte a lo artístico?
No me quedaba bien el negro de la toga… No, en serio, fue como una revelación, imaginarme por los pasillos de los juzgados, peleándome con los clientes, defendiendo a indeseables, desahuciando ancianitas… no sé, me dio por pensar que eso no era para mí. Y de tanto pensarlo, me lo creí. Además, siempre he tenido querencia por el lado artesanal de la vida, las cosas hechas a mano, y si a eso le sumas cierto potencial creativo, la decisión fue sencilla. Probé y me salió bien.

¿Se puede vivir de esto?
La decoración es una montaña rusa. Hay momentos en que todo fluye, va rápido, sientes que la máquina tiene tracción. Otras, en cambio, tienes que aprovechar la inercia para subir las cuestas. Yo sí vivo de mi taller, es un trabajo independiente que te permite ciertas licencias, como la de escribir. Me gusta la libertad que me da.

Pintor y escritor ¿primero pintor o primero escritor?
Lo mío es pintura decorativa aplicada a muebles. Trabajo en contacto con decoradores, carpinteros, estilistas… Antes del taller, había escrito cosas, como mucha gente, de esas que luego terminan en un cajón dejando pasar el tiempo hasta que los folios empiezan a amarillear. De adolescente pensaba que la vida del escritor consistía en dejarse el pelo largo, barba, irse al campo con tres perros y una máquina de escribir. Ahora ya sé que eso no es así. Bueno, perro sí que tengo, pero no todo es tan idílico. Hay que tener la perseverancia de escribir sabiendo que tardarás un par de años, mínimo, en terminar la novela, y que encima no sabes qué le deparará el futuro. Por eso, lo mejor es escribir por placer, hacerlo sin objetivos editoriales. Diviértete, mejora lo anterior y ya veremos. Todo llega. Con calma.

¿Qué has aprendido de tu carrera como artista hasta ahora?
Creo que fue Baroja quien dijo que «el arte es un mullido lecho para los que nos sentimos vagos de profesión». Pues lo siento, don Pío, pero yo creo que hay que currar un montón. Es una frase hecha, ya lo sé, pero aquí nadie regala nada. Eso sí, tiene la ventaja que te puedes permitir ciertos lujos en cuanto horarios. Por ejemplo, yo no sé lo que es ir a IKEA en fin de semana. Un martes por la mañana lo tienes todo para ti.

¿Crees que la ortodoncia puede ser un arte?
Creo que las cosas se pueden hacer bien o se pueden hacer mal. No sé si la ortodoncia puede ser un arte, pero lo que sí sé es que hay ortodoncistas que son verdaderos artistas.

Tu primera novela habla de esas circunstancias que hacen que cambie la vida ¿recuerdas la última vez que ocurrió?
El proceso vital no está predeterminado y es el día a día el que lo va perfilando. Mañana, por ejemplo, podrías conocer a alguien que te presenta a alguien que es el hijo de alguien que tiene una hermana de la que te puedes enamorar. ¿O no? Nunca se sabe. Las casualidades están ahí, rondando por nuestras cabezas, y cuando menos te lo esperas, surgen espontáneas. Te voy a poner un ejemplo: mi mujer me presentó un día a Gervasio Posadas, el escritor, y le propuse presentar mi libro HELMUT. Él aceptó. Pasado el evento me llamó para ofrecerme trabajar como tutor en los talleres on line que tiene junto a su hermana Carmen, pues bien ¿quién me iba a decir a mí que iba a estar dando clase de escritura creativa? La vida te da sorpresas cuando menos te lo esperas. Yo creo en la suerte.

¿Haber conocido el centro de Myriam Sada puede ser una de esas circunstancias?
Voy a ser sincero. Cuando yo era pequeño, iba al dentista totalmente atemorizado, sudando y con el estómago atenazado por los nervios. Hoy, mi experiencia en el centro de Myriam Sada es justamente lo contario. Mis tres hijas están yendo desde pequeñitas y nunca he tenido que insistir para que fueran. Ellas siempre lo han asociado con un trámite más, un hábito de salud que no implica nada traumático, al revés, se trata de pura prevención. Yo, la verdad, estoy encantado. Además, cuando estoy allí, aprovecho para jugar al tenis en la Wii .

¿Por qué elegiste este centro y porqué te quedaste?
Me gustó el centro, su concepto de profesionalidad y calidad mezclado con diversión. Me llevó la casualidad, siempre la casualidad, y desde entonces no fallo. Lástima no volver a ser niño. Por cierto, mi felicitación a todo el equipo.

Ahora presentas tu segunda novela, Helmut, que habla de obsesiones ¿qué te obsesiona ahora?
No me suelo obsesionar con nada, o, por lo menos, lo intento. Las obsesiones implican sacar de la cabeza todo lo que no tenga que ver con la causa obsesiva, y yo, si te digo la verdad, me encanta tener la cabeza llena de pájaros, a veces incluso demasiados. Procuro alejarme de cualquier tipo de neurosis obsesiva no vaya a ser que termine como una regadera, prefiero vivir en mi mundo, en mi película, en mi ficción. Por cierto, hablando de la novela, me gustaría comentar que HELMUT dona el 50% de los derechos de autor que genera la venta del libro a la Delegación en España de la Dravet Syndrome Foundation.

Nuestra obsesión es que nuestros pacientes vuelvan, aunque sólo sea para saludar ¿volverás cuando acabe el tratamiento?
Claro. El otro día, un crío que estaba por allí me ganó a la Wii y cualquier día vuelvo para vengarme. Ya me estoy entrenando en casa.

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